Catecismo de niños y adultos

Jesús con los niños

'Afirmamos que la mayor parte de los condenados a las penas eternas padecen su perpetua desgracia por ignorar los misterios de la fe, que necesariamente se deben saber y creer para ser contados entre los elegidos". - S.S. Benedicto XIV

En cuanto al pecado, ni conocen su malicia ni su fealdad, de suerte que no ponen el menor cuidado en evitarlo, ni en lograr su perdón; y así llegan a los últimos momentos de su vida, en que el sacerdote -por no perder la esperanza de su salvación- les enseña sumariamente la religión, en vez de emplearlos principalmente, según convendría, en moverles a actos de caridad; y esto, si no ocurre -por desgracia, con harta frecuencia- que el moribundo sea de tan culpable ignorancia que tenga por inútil el auxilio del sacerdote y juzgue que pueda traspasar tranquilamente los umbrales de la eternidad sin haber satisfecho a Dios por sus pecados.

Por lo cual Nuestro predecesor Benedicto XIV escribió justamente: 'Afirmamos que la mayor parte de los condenados a las penas eternas padecen su perpetua desgracia por ignorar los misterios de la fe, que necesariamente se deben saber y creer para ser contados entre los elegidos'. (

Encíclica, «Acerbo Nimis», S.S. San Pío X, sobre la enseñanza del Catecismo. 15 de abril de 1905).

El estudio de la Doctrina de la Iglesia Católica es un aprendizaje contínuo y debe reforzarse a cualquier edad. Por ello, después de la Santa Misa dominical, tanto los niños como los adultos, pueden estudiarlo en grupos bajo la dirección de un sacerdote.

Capellán: Padre Michel Boniface